1.- CITA A CIEGAS.
El día transcurrió sin prisa provocando que aumentara tu impaciencia. El encuentro se ha demorado más de lo que nuestros cuerpos hubieran deseado, más de lo que nuestros labios estaban dispuestos a esperar, más de lo que nuestros sexos han podido contener, mucho más de lo que cuesta robarle un orgasmo a la tímida y casta vecina de rellano.
Los nervios se adueñaron de tu ser provocando mil sensaciones hermosas y contradictorias. El deseo hizo que deambularas por casa como una leona enjaulada. Sentiste tu sexo dispuesto y temiste perecer joven en la hoguera del deseado clímax. Temiste estallar antes de lo que la piel que ansía ser acariciada necesita para erizarse al contacto con la persona deseada.
El listón estaba alto y sabías que no te iba a defraudar, del mismo modo que no me iba a conformar con cualquier beso, con cualquier caricia, con cualquier placer.

Sublime ha de ser la comunión de dos seres que se entienden, sin pronunciar palabra, con el lenguaje de los signos, de las miradas, de la dulce dominación que te lleva a obedecer, que me obliga a complacer.
Confías y temes, deseas y agobias, esperas y ruegas que no me retrase. Te preparas para servir, para complacer y sobre todo para gozar.
No conocerme le da un plus de excitación a tu inquietud pero tienes claro las cotas de placer que puedes alcanzar, lo que aviva tus ganas.
Llegué… Te callaste… Bajaste la mirada y un escalofrío recorrió tu espalda. Ahora ven, no hay vuelta atrás. Es inútil que retrocedas a cada paso que doy. La suerte está echada. El placer repartido. Comienza la sesión.