25 de abril de 2017

Relato #3: Cita a ciegas - Encuentro - Agonía - Explosión

1.- CITA A CIEGAS. 
El día transcurrió sin prisa provocando que aumentara tu impaciencia. El encuentro se ha demorado más de lo que nuestros cuerpos hubieran deseado, más de lo que nuestros labios estaban dispuestos a esperar, más de lo que nuestros sexos han podido contener, mucho más de lo que cuesta robarle un orgasmo a la tímida y casta vecina de rellano. 
Los nervios se adueñaron de tu ser provocando mil sensaciones hermosas y contradictorias. El deseo hizo que deambularas por casa como una leona enjaulada. Sentiste tu sexo dispuesto y temiste perecer joven en la hoguera del deseado clímax. Temiste estallar antes de lo que la piel que ansía ser acariciada necesita para erizarse al contacto con la persona deseada. El listón estaba alto y sabías que no te iba a defraudar, del mismo modo que no me iba a conformar con cualquier beso, con cualquier caricia, con cualquier placer. 
Sublime ha de ser la comunión de dos seres que se entienden, sin pronunciar palabra, con el lenguaje de los signos, de las miradas, de la dulce dominación que te lleva a obedecer, que me obliga a complacer. 
Confías y temes, deseas y agobias, esperas y ruegas que no me retrase. Te preparas para servir, para complacer y sobre todo para gozar.
No conocerme le da un plus de excitación a tu inquietud pero tienes claro las cotas de placer que puedes alcanzar, lo que aviva tus ganas. 
Llegué… Te callaste… Bajaste la mirada y un escalofrío recorrió tu espalda. Ahora ven, no hay vuelta atrás. Es inútil que retrocedas a cada paso que doy. La suerte está echada. El placer repartido. Comienza la sesión.

2.- ENCUENTRO. 
Dame la espalda con la insolencia de la que haces gala sabiéndote ganadora de la voluntad de mi mirada que busca tus curvas. Dame la espalda con la incertidumbre que te lleva a intuir lo que sigue. Muñecas apretadas por mis manos que inmovilizan tus brazos a lo largo de tu cuerpo. Labios que se acercan a tu cuello. Respiración contenida. Vientre encogido. Pañuelo de seda, suave y sutil, ligeramente perfumado con mi aroma que cubre tus ojos. Ciega ante mí, ciega de visión perfecta, lo que no te impide sentir el tintineo de la luz de las velas. 
Incienso que embriaga, compases musicales que suenan tamizados por la expectación. 
Botones que van abriendo el blanco de tu blusa. Corchetes que van liberando la opresión sobre tus pechos. Cremallera que rasga el costado de tu falda. Lengua que recorre tu cuerpo acompañando la caída de tu tanga. 
Voz que te acompaña y te sugiere, que te tranquiliza y te guía. Sábanas de satén que acogen tu cuerpo. Cinchas suaves que extienden tu cuerpo de esquina a esquina, de pies a cabecero, de muñecas a tobillos dejándote postrada como la más bella de las estrellas. 
Inmóvil y ciega agudizas tus sentidos. Sientes mi calor. Humedeces tus labios con intenciones perversas.
Escuchas como me acerco sigilosamente, oyes el flogger surcando el ambiente. La brisa que levanta acaricia tu abdomen. Las colas rozan tu entrepierna. Gemidos. Caderas levantadas. Te muerdes el labio.
Hueles el cuero. Badana curtida con la esencia de tus muslos que poco a poco comienzas a exhalar. 
Cadencioso recorrido el del látigo. Roce sutil
sobre tu piel. Tortuosa rutina que te hace desesperar por la excitación que alcanzas.
Calor que te asalta. Súplicas de intensidad. Deseo de más. 

3.- AGONÍA. 
Piel que quema como ascuas. Brasas entre tus muslos. Calor que te lleva a retorcerte cada vez que rozas el clímax con las crestas de la boca de tu túnel. Cruel desesperación. 
Caderas que levantas ansiosa buscando con tu cuerpo el extremo erguido del mío, que presientes a tu alcance. Te agitas. Lo percibes, lo notas, lo sientes, pero no me tienes. Humedad salvaje que moja tus entrañas. Desfalleces. Respiras, jadeas. Vuelves a intentarlo levantando más alto tu cuerpo, arqueando tu espalda, moviendo tu cintura de un lado a otro, todo lo que las ataduras te permiten. 
Traspiras nerviosa e impaciente. Tus pechos brillan imponentes y sus tostados adornos se levantan al sentir el aire de mi aliento sobre ellos. Quieres mis dientes. 
Desorientada sin saber el tiempo que llevas lo único que te importa es saciar tu sexo, ávido de sentirse pleno, complacido, entregado, penetrado. 
Casi me rozas, casi me tienes, casi me sientes, pero no. Tus entrañas se frustran. Tu mente te estalla. Tu cuerpo no aguanta. Lenta agonía la que sientes, de asomarte una y otra vez al vacío de la necesidad de tu vientre pero no colmarte con su placer indescriptible. 
Desmesurada humedad la que soportas, enjugando tus esencias en tus rincones, asomando y resbalando, rezumando mil aromas y sabores. 

4.- EXPLOSIÓN 
Gime. Grita. Jadea. Arquea tus caderas con el ansia que provoca en tus entrañas el hambre de engullirme sin permiso. 
Golpeo tu pubis con mi pubis, cintura contra cintura, testículos contra tus nalgas. 
Me tienes por fin, colmando
tu interior ardiente con el calor de mi lanza.
Derramas tus fluidos. Empujo con fuerza, resbalo por tu interior, alcanzo tu fin, mojas mis huevos. 
Tiritas de placer. Retuerces tu cuerpo poseída por la excitación de sentirte follada por el mismísimo Belcebú. 
Lamo tus pechos, succiono tus pezones, muerdes mi cuello provocando un envite superior, empujando en tu interior hasta mover tu cuerpo entero. 
Te falta el aire. Tus párpados se entornan, siento la quemazón de la viscosidad de tu sexo contraerse rítmicamente sobre mí. 
Tus ojos derraman dos perlas de extasiada felicidad mientras me convulsiono en tus entrañas, a la vez que mi sexo vomita lava ardiente que resbala por tus muslos. 
Caigo sobre ti. Busco tu boca. Limpio tu rostro. Te beso dejando que el reposo vuelva a separar nuestros cuerpos.  


3 comentarios:

  1. Excitante lectura que transporta no solo a la mente sino también al cuerpo.

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  2. Está tan bien explicado, que te transporta sin darte cuenta...

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  3. Holaaa
    Me ha encantado leer esta entrada, llena de palabras que te hacen sentir y deleitarte
    ¡Mi enhorabuena!

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