26 de noviembre de 2016

Relato #13 - ODA A LO MACABRO

OJO POR OJO 
El cuerpo de su vecina del quinto esperaba con ansia y deseo que él la poseyera sin descanso, duro, enfadados con el mundo. Un ama de casa, casada y con un hijo, pulcramente vestida, peinada y maquillada. Niña de familia bien, femenina en demasía, altanera hasta decir basta. 
Y ahí la tenía, boca abajo sobre la mesa del comedor. Ni siquiera se había tomado la molestia de desnudarla del todo, pantalones bajados, tanga retirado a un lado, y al lío, un embiste, dos, tres, y al cuarto se vino en su interior. "Vístete y vete" le vomitó de mala leche. Ni un beso, ni una caricia, náuseas... las odiaba, a todas. Putas. Se subió la bragueta, pensó en ponerla de rodillas y que le limpiara los restos de semen, pero le dió pereza. 
Se dirigió al despacho, cogió el vaso de whisky a medio terminar y se lo acabó de un sorbo. Se sentó en su silla, cogió los papeles del hospital, volvió a releerlos, cabreado con ella, en realidad con todas las mujeres. Solo sirven para vaciarse en ellas, para usarlas. 
SIDA volvió a leer mientras la vecina pegaba portazo, sonrió - Zorra altanera, una más, una menos, otra que va a sufrir lo que se merece- en su mente las mujeres merecían su enfermedad, no él, por eso se follaba a todas cuantas podía, sin condón, y cuantas más, mejor. 

SIEMPRE PRESENTE 
Sonreía. Caminaba deprisa, sin pausas. Un hombre se giró a mirar como movía sus caderas al pasar por su lado, con mirada lasciva; esa noche soñaría con ella, tocándose en su honor. No se percató, ni siquiera lo vió.
Tenía la mente en su amado, quien la esperaba como cada tarde. Se sentía desnuda de besos, caricias y abrazos, necesitaba volver a vestirse. Lo vió. "Te he echado de menos cariño, te he estado pensando todo el día, puedo vivir sin tocarte, pero me es imposible no sentirte, aún teniéndote lejos." Siguió hablando, recitando su monólogo. El frío le calaba hasta los huesos, pero ella no lo sentía, un calor se adueñaba de su cuerpo cada tarde, haciéndola llegar al éxtasis. Una lágrima se deslizó por su mejilla. Él nunca contestaba. Se había acostumbrado a sus silencios. Seguía amándolo.

Y así pasó el resto del día, la mirada fija en él, susurrándole todo lo bueno que le daba, agradeciéndole cada momento vivido juntos. Anochecía, las farolas se encendían como por arte de magia. El lugar a esa hora le resultaba sombrío, pero estaba segura, estaba a su lado. Esas horas el mundo dejaba de girar, la vida se paraba, y su corazón volvía a latir con fuerza. Hasta que, como cada tarde, por su espalda, aparecía el mismo cantamañanas de siempre, amable, condescendiente, correcto. "Señora, ya es la hora. Vamos a cerrar las puertas del cementerio. Debe usted marcharse ya..." 


VIDA Y MUERTE 
Mientras miraba al infinito desde la azotea de su edificio, sus manos no dejaban de acariciar su vientre. Algo empezaba a gestarse y a crecer en su interior. No entendía la ilusión de esas mujeres al enterarse que estaban embarazadas, buscando en todo momento indicios de un bebé en su interior. Ella solo tenía dolores, náuseas, y mareos al recordar... y nada era agradable.

Desde aquel día solo sentía tristeza, ni un resquicio de sonrisa, ni una carcajada. Amargura. Llanto. Ganas de morir. Ella conducía. Ella lo mató. ¿Cómo poder mirar a la cara a ese bebé sin dejar de sentir la culpa que seguía mortificándola? ¿Còmo criarlo sabiendo que ella le había arrebatado a su padre antes de saber siquiera que estaba en su interior? Dolor, punzante, agudo. ¿Cómo hacerse entender en esa sociedad en la que hay que buscar las palabras políticamente correctas? Ni siquiera llegó a esforzarse. "El tiempo todo lo cura" recibía como ánimos. Se acercó con premeditación al borde, sin miedo, con culpa, con alevosía. Se dejó caer, o más bien emprendió su vuelo. "El tiempo os curará de mi ausencia" se dijo mientras, divisando a su amado lo lejos, consiguió sonreír. 


GRIS OSCURO 
Y así fue como empezó a morir por dentro. Primero fue su boca quien dejó de mover los músculos para esbozar sonrisas. Casi al unísono desapareció el brillo de sus ojos, los cuales dejaron ver un color oscuro que ensombrecía todo aquello que miraba, asesinando todo lo que se interponía entre ellos y el infinito. Su ropa se oscureció al tacto de su piel, aumentando incluso de talla, o tal vez fue su cuerpo el que empezó a menguar. Su casa, en otro tiempo limpia y reluciente, se hundió en la oscuridad de las bombillas fundidas y no cambiadas, y las persianas bajadas y olvidadas.

Sus pies comenzaron a arrastrar el mismo par de botas, sin lustrar y con la suela despegada. Le daba igual que el agua de los charcos entrara y le mojara los pies, quizá era la única sensación de vida que le quedaba: el frío que humedecía sus calcetines y entumecía sus extremidades inferiores. Ya casi no recordaba cómo mover los brazos, dejados caer en sus costados, pues solo los utilizaba cuando era indispensable. Y su voz... ya nadie recordaba su tono, su intensidad, su musicalidad. Ni siquiera le veían caminar como un autómata, de casa al trabajo, y de vuelta a su triste sofá, se fue haciendo invisible para el mundo. Las prisas, el bullicio, las luces, la felicidad, ya no le interesaban, solo su soledad y sus recuerdos. Su vida se fue apagando. Nadie le echó en falta.  


7 comentarios:

  1. Sigues transmitiendo un montón de sensaciones, incluso en relatos tristes y espeluznantes, sigues poniéndonos la piel de gallina ;) felicidades preciosa..!! Esperando el siguiente con muchas ganas..!!

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    1. Gracias mi niña! Solo plasmó lo que me pasa por la mente, sea bueno o malo... besazo

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    1. Jajajajaja, la inspiración es lo que tiene, viene y se va 😉. El próximo no se va a hacer de rogar 😘

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    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    2. Muchísimas gracias!!

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