Mostrando entradas con la etiqueta Isabel Soler Gil-Mascarell. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Isabel Soler Gil-Mascarell. Mostrar todas las entradas

29 de mayo de 2017

Relato #18 - BESOS CON SABOR A PASADO

Empieza a anochecer, la gente se ríe en pequeños grupos mientras buscan un lugar donde cenar. Es jueves por la noche, estoy cansada; la semana ha sido bastante movida y el día, aunque ha acabado bien no ha sido de los mejores. Sonrío, al menos acabará entre risas, cervezas y buena compañía. Una amiga me ha comentado que me acerque a un bar del centro, está con unos antiguos amigos suyos del instituto, y entre ellos, alguien que en su momento fue la causa de la sonrisa prendida en mis labios. Me reviso de arriba a abajo: vaquero, camiseta y el pelo enredado y despeinado; informal y cómoda, tampoco quiero impresionar a nadie. Tengo ganas de verte, mi sonrisa se intensifica. Por fin llego, te levantas y vienes a abrazarme, pero te dejo de lado para abrazar a mi amiga, que quieres que te diga, la amistad prevalece por encima de ti. Que guapo estás. Me sorprende seguir teniéndote ganas. Un abrazo, dos besos, nuestras dos sonrisas las cuales se empiezan a enredar, y las presentaciones pertinentes del resto del grupo. Conversación, cañas, risas, lo que viene siendo una reunión distendida y divertida. El grupo comienza a disiparse, hasta que nos dejan solos; otra caña. La conversación toma un giro, es momento de hablar de nosotros, del pasado, sinceridios. Nuestras sonrisas, el brillo de nuestros ojos y el no dejar de acercarnos, delata que aún nos tenemos ganas. Quiero besarte, pero me aguanto. La barba te sienta fenomenal. Ya no estás con tu novia me comentas de pasada mientras me miras sin pestañear; no hemos dejado de escrutarnos el uno al otro. 
Mi mente intenta alejar las ganas de beso, pero mis ojos se delatan, no dejan de mirar tus labios. 
Finalmente, es mi mano quien, aliándose con mis ganas, decide por cuenta propia enredarse con tu nuca, y, con la fuerza justa, conseguir que tu cuerpo, entendiendo de inmediato, se acerque al mío. Ladeas ligeramente la cabeza, el acople, como hace unos meses vuelve a ser perfecto, nuestras bocas se conocen bien. Ansiado beso. Suave, cálido, lento, deseado, disfrutado. Risas al separarnos, miradas, y más sincericidio. No te confundas, no me molesta en absoluto tus explicaciones, porque lo que me estás contando no son excusas, y eso, se agradece, y mucho; pero me duele tus porqués. Respeto tu opinión, si bien no la comparto, y un ligero manto de tristeza comienza a adueñarse de mi. Es tarde, mañana madrugamos. De camino a tu coche, más risas, más roce, más miradas, tu mano enredada en la mía, y si, más besos, y más intensos.
No sé cuándo volveremos a vernos, estoy casi segura que no vamos a volver a intentarlo, tus porqués han sido demasiado claros. Y aunque tus ojos y tus labios hablen el mismo idioma que los míos, es tu mente la que manda, la que consigue que todo acabe: que no te fías de mí, me dices...



14 de abril de 2017

Relato #17 - SENTIMIENTOS AHOGADOS

Hacía poco que se conocían, pero eso no impedía que a ella le naciera una sonrisa cada día al pensarle. Sábado por la noche. Habían cenado juntos en su casa, mientras veían varios capítulos de alguna serie, que, para que mentir, acordarse del nombre siempre fue lo de menos. Él no podía quedarse a dormir, algo que a ella le pintaba ligeramente el corazón de tristeza. Le gustaba saberle a su lado en el colchón, aun con espacio entre ellos, pero el solo hecho de poder estirar el brazo y tocarle, bien le valía una nueva sonrisa. Abrir los ojos y poder reflejarse en el brillo de los suyos, mientras la luz de un nuevo día entraba tímidamente en el dormitorio, era más que suficiente para colorear su semana de colores y alegría. 
Se encaminaron a la puerta de entrada, ella le abrió, y, al mirarle, notó como desde su estómago salían dos palabras como si de una erupción volcánica se tratara. Cerró la boca, para no dejarlas escapar, las saboreó en su paladar, las masticó, las tragó y esperó que se perdieran de nuevo en su interior, y su mente las encerró de nuevo en su corazón, bajo llave. “nos vemos mañana, ten cuidado con el coche” balbuceó cobardemente. Un beso, más bien varios, un abrazo. 
Puerta cerrada. 
Se llevó la mano a su garganta, se encaminó al baño, abrió el grifo y se lavó la cara. Se miró en el espejo, extrañada ante lo que le acababa de pasar. Siempre se había considerado una cobarde en cuestión de sentimientos. Cuando creía sentir por alguien no se cortaba a la hora de soltárselo de sopetón, él se asustaba y la dejaba: era la forma perfecta para no tener que dar explicaciones y huir de sus propios sentimientos. Ellos desaparecían, y ella se relajaba, otra no relación que se quedaba en el aire, y acababa sonriendo. 
Pero… esta noche… nunca le había pasado estar a punto de decir estas dos palabras, y menos aún tan pronto. "Tan pronto" se dijo a sí misma en voz alta, quien dictaba el calendario?, quien decidía los tempos en cuanto a sentimientos se trataba? Cuando se supone que era el momento adecuado?. Es cierto que este chico le gustaba, se sentía a gusto a su lado, conversación fluida, risas, miradas, caricias, le gustaba su intelecto, irónico como ella, todo fluía, estaba relajada, sin mareos de otros tantos que solo la querían para venirse dentro de ella. No, el la respetaba, y eso le gustaba, quería conocerla como persona, como mujer. Se sentía atraída por él, y en la cama… se sorprendió de la forma en que supo como manejarla desde la primera noche. 

Por primera vez quiso no asustarle, quiso aguantar, que fuera el quien decidiera los “tempos” de su relación, dejar que todo fluyera, pasó gran parte de la noche en vela, pensando en sus sentimientos, dejándolos salir para aclarar su cabeza, esa que no paraba nunca de darle la vuelta a todo, de pensar, de intentar desenredar nudos que no existían. Y por primera vez, desde su divorcio se dio cuenta que quería llegar a vivir con él, ella que siempre se jactaba de relaciones con dos viviendas, de tener cada uno su espacio y juntarlos de vez en cuando; estaba deseando poder tenerle todas las noches a su vera; presentarle a sus hijos, a su familia, y todos sus grupos de amigos. Y entonces, de su garganta fluyeron las dos palabras vetadas por su mente a sabiendas que no volvería a pronunciarlas hasta saberse segura a su lado "Te quiero”.


14 de febrero de 2017

Relato #16 - ¿JUGAMOS?

Frío. Sentados en lo alto de las gradas, te afanas en explicarme las normas del juego, interrumpiendote a ti mismo en cada mal pase, jugada o mal arbitraje, para, dando algunas voces dejar tu criterio claro. Pero ni una mala palabra, al revés, calmas los ánimos del personal que nos rodea e increpa tanto a algunos jugadores como al árbitro. Te pregunto sobre el juego que se desarrolla, intentas solucionar mis dudas de la forma más simple que conoces, a sabiendas que tampoco voy a entenderlo. Si fuera baloncesto, no haría falta que me explicaras tanto, fuí jugadora hace años, mejor o peor, jugadora al fin y al cabo. 
Tu mirada está fija en el juego, no se te escapa ni siquiera un solo gesto de tus chicos, aunque de vez en cuando una mirada furtiva se te desvíe hacia mi, acompañada de una sonrisa. 
Si, es cierto, cuando todos miran hacia el lado contrario donde estamos nosotros sentados, te giras rápidamente para robarme un beso. Bromeamos. Me recuerdas a un quinceañero que no quiere que sus padres le pillen besando a la chica que le gusta, me divierte. 
Y yo te pregunto, ¿jugamos al rugby? Si, tú y yo. Pero voy a cambiar algunas normas, o al menos algunos conceptos. 
Jugaremos para llevar la pelota, en este caso cambio "pelota" por "nosotros", más allá de la línea de meta, vuelvo a hacer modificaciones, y hablo de la línea del horizonte. 
Caminaremos, que no correremos, uno al lado del otro pasándonos ese nosotros. Si, para avanzar en el rugby toca lanzar ese nosotros hacia atrás, y lo haremos, para seguir afianzando nuestras posiciones frente a los obstáculos que nos vayamos encontrando. En algún momento patearemos ese nosotros para progresar en nuestra relación más rápidamente, pero solo cuando la locura nos llene a ambos y corramos de la mano para poder recoger ese nosotros con cariño, sonrisas y caricias. 
El resto del equipo... obviamente tres de esos jugadores son tres preciosas guerreras que ya están en nuestras vidas, a las cuales les enseñaremos el respeto ajeno y el juego en equipo. Es posible que en algún momento nos quiten ese nosotros; cuando eso suceda nos apoyaremos en el otro resto del equipo y que tan importante: familia y amigos. 
Es la mejor forma de ir avanzando hacia el horizonte, marcando puntos para ir ganando el partido de nuestras vidas. 
Seremos pilares, talonadores y segundas líneas, apoyándonos el uno en el otro cada vez que lo necesitemos. 
Nos convertiremos en flankers, pero utilizando la fuerza mental y no la física; medio melé, tomando decisiones cuando haga falta. 
Apertura; alas; centros, para romper defensas y afianzar posiciones. Zagueros o incluso llegaremos a ser el 8. Defenderemos las entradas de los posibles equipos contrarios, atacaremos, crearemos espacios, los nuestros, para llenarlos de momentos. 
Lo sé, poco a poco, solo te pido comenzar a jugar de la mano, aprender las normas juntos, y ver cómo se nos da este deporte. 
¿Jugamos? 


27 de enero de 2017

Relato #15 - DESPERTARES

Recorres mi piel sin dejarte ni un mísero milímetro, haciéndome estremecer, consiguiendo en mi cuerpo un estado de ansia y ganas que va aumentando con cada segundo que lo mantienes alterado. Con una mano sujetas las mías por encima de mi cabeza, con la otra te diviertes explorándome. Tu mirada fija en mis ojos, tus oídos expectantes ante mis gemidos, tus susurros acompañando tus caricias. 
Las yemas de tus dedos juegan ahora con mis labios, haciendo que mi lengua, juguetona y codiciosa haga amago de buscarlos. Mis párpados caen rendidos, pero puedo notar tu pícara sonrisa mientras no cejas en tu empeño de hacerme sufrir, dilatando en el tiempo tus caricias. 

Tu boca se acerca mi cuello, noto tu cálido aliento y sin más tu lengua se escapa de su cobijo para alterar mi cuerpo al tocarlo, al lamerlo, mientras tu mano sigue con su magistral trabajo, y llega a mis pechos, los circunda sin llegar al centro. Mi espalda se arquea, mi garganta gime, mi cuerpo comienza su particular coreografía contorsionista. Parece que te recreas en mi padecimiento por llegar al éxtasis. Mi garganta consigue articular un “cabrón…” que te hace reír. 

Sabes que juegas con fuego, y, que a mí, me encanta quemarme. Decides acercarte por fin al lugar que reclama tu atención desde hace mucho. Mis piernas se abren sin orden alguna; mi humedad te da la bienvenida, y tú, sabedor del dónde, cuándo y cómo, decides la duración del baile.

Pasada una eternidad incrementas la velocidad, y con certera puntería consigues que la electricidad me invada, pero no te paras, aumentando así la duración y la intensidad de mi esperado orgasmo. Mis músculos se destensan, mi respiración poco a poco vuelve a su estado natural. Abro los ojos, tu mirada fija en mí, brillante, sin pestañear. “verte llegar al orgasmo es un placer en sí, saberme su causa es un triunfo, pero cariño, no me has durado nada esta mañana…” 



17 de diciembre de 2016

Relato #14 - REENCUENTRO


Se puso nervioso al ver que unas manos se acercaban con cuidado a su piel. No entendía que alguien quisiera tocar su superficie, dura, vieja, estropeada por el paso de los años. Estos no pasaban en balde. No recordaba la última vez que se sintió nuevamente en familia, amado y admirado por unos ojos brillantes e ilusionados; y mucho menos que unos dedos tuvieran la necesidad de sentirle. "Yo te cuidaré, sanaré tus heridas..." le dijo. Y el se relajó y se dejó hacer. 

Le frotó enérgicamente, quitando la piel superficial, para luego darle un masaje más relajante. Su mente le transportó a un pasado más feliz, aquel en el que su mejor amiga siempre se arrimaba a él, en la entrada de casa para contarle todos sus secretos. No tenía un diario, y por lo tanto había encontrado en el a ese amigo que sabes a ciencia cierta que siempre te los guardará. 
Sintió como lo limpiaban, el líquido estaba templado y la sensación que recorría por toda su esbelta figura era más que placentera; se atrevió a compararla con un primer beso entre los brazos de un ser amado.
Estaba feliz. Su amiga, la que tantas intimidades le había revelado años atrás, había vuelto para, de una vez por todas, estar juntos de nuevo.
Después del último pulido, las capas de barniz terminaron el impecable trabajo que el restaurador estaba haciendo con el. Se veía reluciente, nuevo, elegante, apuesto. Estaba deseando que ella le viera. Pasaron un par de días hasta que pudo venir a recogerle.
Se quedó sin palabras al verlo, sonrió, se acercó y le susurró: "Como en los viejos tiempos, mi confesor, no he vuelto a tener mejor amigo desde que dejé la casa de mamá y papá. Deslumbrarás en la entrada de casa, y siempre dejaré un hueco a tu lado, para acurrucarme como hacía de pequeña y hablarte...".
"El mozo perchero ha quedado estupendo señora, le gusta?" Le dijo el restaurador rompiendo la magia del momento.